Sé bienvenido al reino del Trasgu

Sé bienvenido al reino del Trasgu. En este pequeño escondite se albergan sus tesoros más preciados.

sábado, 23 de enero de 2016

Cumpleaños con padres y madres irresponsables

El otro día acudí a una fiesta de cumpleaños, de unos 35 niños con gran ilusión, cargado hasta las orejas con: marionetas, títeres, globoflexia, pompas gigantes, cuentos, canciones, danzas y juegos. Eran unos antiguos amigos y quería que sus hijas lo disfrutaran a lo grande.


Cuando aparqué el coche, el padre estaba en la puerta esperándome. Me pidió música para poner y dijo que me cambiara a la intemperie, en el portal de al lado, no fuera a ser que los niños me vieran. Traté de restarle importancia al detalle, me caractericé de payaso y entré al lugar en que jugué un rato al juego que en ese momento surgió: pillar y esconderse. Mientras tanto, sonaba la música a un volumen brutal. Con grandes dificultades, conseguí que la bajaran a un volumen aceptable para poder hablar.


Todo intento de generar un ambiente relativamente útil para explicar, contar o proponer de diversas formas posibles, fue inútil. Los niños no atendían. Por añadidura, el cotorreo de las madres y sus risotadas, era incesante, pese a informarles que el asunto también íba con ellas. En cuanto pude ser medianamente audible, inicié el protocolo de siempre, consistente en entretener y divertir con diversas propuestas, sólo la minoría mostraron cierto interés. L@s niñ@s sólo querían gritar, empujarse, chillar, golpearse, hablar a gritos, quejarse de algún encontronazo. Se escuchaban además llantos, estallidos de globos y ruido de objetos lanzados... 

   

Lo más sorprendente era comprobar la desidia absoluta por el juego y la repulsión general hacia todo intento guiado de diversión. El caos lo llenaba todo, lo único que querían era saltar, chillar, pelearse y tirarse por el suelo. No atendían a ninguna propuesta de ningún tipo, sólo a intermitentes amenazas de los padres si los golpes pasaban de cierto grado. Lógicamente, todo intento de tomar las riendas hacia algo constructivo, didáctico, divertido, entretenido, fue un fracaso. Acabé con el traje roto, los botones arrancados, un hacedor de pompas y una marioneta rotos, la armónica abollada y el sombrero deformado.


Son 17 años de profesión y sólo me había sucedido esto en otra ocasión, en un pueblo en que las madres merendaban en una sala aparte, mientras el payaso recibía golpes de los niños al grito de: "Te vamos a matar". Cuando acudí a contarles a las madres que me marchaba de aquel antro por destrozos y agresiones, éstas, salieron en su busca y les metieron una paliza a tod@s indiscriminadamente. Lloraron y acto seguido mostraron sumisión absoluta hacia todo sin rechistar (caso de estudio para la ciencia animal).


Como comentaba anteriormente, durante 1 hora hice uso de todos los recursos cuanto llevaba. Cualquier intento de convocar a la tribu para llevar a cabo un acto común, fue imposible. Descubrí que mi presencia allí era absolutamente innecesaria para los niños, tan sólo un intento desesperado de los padres para que "alguien que viene de fuera intente hacer algo con ellos". Los adultos se mostraban derrotados. Les pregunté si ese comportamiento era normal, hicieron una mueca de indiferencia y continuaron con sus conversaciones sin prestar demasiada atención.


Antes de marcharme, transmití a la madre mi descontento con la educación transmitida a estos niños y la madre me respondió: "Ya majo, si ni la profesora puede con ellos, no sabe qué hacer". Lo mejor estaba aún por llegar, el padre me ofreció lo mejor que tenía: un billete de 20€ y una frase: "Toma anda, aunque sea para gasolina y a ver si nos vemos un día de estos con más calma"... Comprenderá usted, paciente lector/a, mientras lee estas líneas, que no fue cruel responderle mirándole fijamente a los ojos: - Lo dudo mucho.



Mi reflexión es la siguiente: traer un hijo a este planeta es una decisión que debería ser tomada por personas conscientes y responsables de pequeñas vidas presentes y futuras. Es imprescidible dotar de una educación mínima a los hombres y mujeres del mañana. Dejen de buscar en los demás, responsables de sus irresponsabilidades. Comprendan que los "malos" actos que llevan a cabo sus hijos, son fruto de su exceso o falta de acción cuando toca saber ser y estar como persona. ¡¡DESPIERTEN DE UNA VEZ!!. Comiencen a preocuparse por el tipo de personas que serán sus hijos el día de mañana y sobre todo, por el tipo de personas que son ustedes actualmente, ahora mismo, mientras leen estas palabras o cuando se miran al espejo con honestidad y descubren de que están hechos.

Recuerden que en este barco vamos tod@s, no sólo ustedes, y esperar que sean otros quienes eduquen a sus hijos o dejar que se eduquen solos, a libre albeldrío, es escupir hacia arriba: "No heredamos la tierra de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos".



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